Silvana Núñez Del Pino

Silvana Núñez Del Pino 🪷 Terapeuta Holística · Método Oasis
🕊️ Acompaño tu proceso de transformación
✨ Claridad · Equilibrio · Bienestar

Cuando el alma recuerda, ya no puede seguir fingiendoHay nombres que nos son dados para habitar una identidad, un cuerpo...
09/09/2026

Cuando el alma recuerda, ya no puede seguir fingiendo

Hay nombres que nos son dados para habitar una identidad, un cuerpo y una historia.

Nombres que nos vinculan con una familia, un tiempo y un lugar. Nombres mediante los cuales aprendemos a reconocernos y a responder cuando el mundo nos llama.

Y existen otros nombres que no parecen ser elegidos.

Parecen recordados.

No llegan para borrar lo que hemos sido, sino para revelarnos una profundidad que permanecía oculta detrás de aquello que creíamos ser.

Silvana Katherine Núñez Del Pino es el nombre que recibí para recorrer esta experiencia humana.

Durante mucho tiempo creí que ese nombre contenía la totalidad de lo que yo era. Sin embargo, en él siguen habitando mi historia, mis vínculos, mis creencias, mis heridas, mis búsquedas y todas las formas que he aprendido a representar para encontrar y ocupar mi lugar en el mundo.

Pero, incluso entonces, algo más profundo permanecía en silencio.

Algo que todavía no sabía nombrar, pero que parecía conocerme desde antes de que yo comenzara a preguntarme quién era.

Hasta que un día escuché un nombre:

Oasis.

No lo sentí como una identidad nueva ni como un nombre creado para dejar atrás a Silvana.

Lo sentí como un reconocimiento.

Como si una memoria muy antigua hubiera pronunciado desde dentro:

“También eres esto.”

Al principio no comprendí cómo podían encontrarse esos dos nombres dentro de mí.

Silvana era la mujer cuya historia podía contar.

Oasis era una presencia que podía sentir, aunque todavía no pudiera explicar.

Una pertenecía a todo lo que recordaba haber vivido.

La otra parecía proceder de una profundidad anterior a mis recuerdos.

Con el tiempo comprendí que no habían llegado para competir entre sí.

Oasis no venía a ocupar el lugar de Silvana, y Silvana no tenía que desaparecer para que Oasis pudiera revelarse.

Por eso hoy ya no necesito elegir entre ambas.

Honro a Silvana: la mujer que recibió un nombre, una historia y un cuerpo para atravesar esta vida. Honro sus dudas, sus heridas, sus aprendizajes y cada paso que dio, incluso aquellos que avanzó sin saber hacia dónde la conducían.

También honro a Oasis: el nombre que llegó para recordarle una profundidad anterior a todas sus historias. No es otra personalidad ni una versión superior de Silvana. Es la consciencia que observa, la raíz silenciosa que permanece y la esencia que ninguna experiencia pudo manchar.

Silvana pertenece al tiempo, a la experiencia y a la forma. Es quien siente el peso del mundo, toma decisiones, se equivoca, ama, pierde, aprende y continúa. Es la voz que pregunta, la mirada que busca y el cuerpo que atraviesa cada acontecimiento.

Oasis no se confunde por completo con las heridas ni convierte cada experiencia en una definición de sí misma. Permanece como un espacio profundo de reconocimiento, una memoria silenciosa de aquello que existe antes de toda separación.

Silvana vive la historia.

Oasis contempla su profundidad.

Silvana siente el peso del mundo, pregunta quién es y busca sentido en lo que atraviesa.

Oasis no siempre responde con palabras. A veces simplemente permanece, como una certeza silenciosa que no necesita imponerse para ser verdadera.

Despertar no es escapar de la condición humana.

Es permitir que esa profundidad se exprese a través de Silvana: amar sin miedo, atravesar el dolor sin convertirse en él y mirar cada rostro reconociendo la misma luz, el mismo misterio, el mismo Absoluto innombrable.

Silvana no tiene que volverse perfecta, distante o invulnerable. No necesita negar sus emociones ni desprenderse de su historia.

Su cuerpo, sus lágrimas, sus contradicciones y su manera imperfecta de amar no son obstáculos para el despertar.

Son el lugar donde ese despertar puede encarnarse.

Ahora sé que no vine a convertirme en alguien diferente.

Vine a reconocer que, incluso cuando me sentí perdida, algo en mí nunca dejó de saber el camino.

Ese algo no llegó desde afuera.

No descendió del cielo ni apareció cuando finalmente fui digna de encontrarlo. Estuvo conmigo en cada caída, en cada miedo, en cada despedida y en cada noche en la que creí haberme alejado para siempre de la luz.

Estuvo allí cuando solo podía llamarme Silvana: cuando mi identidad estaba hecha de recuerdos, vínculos, temores y deseos; cuando buscaba respuestas en el cielo y sentía que lo divino era una presencia separada a la que debía alcanzar.

Oasis no intervino para borrar esa etapa.

La acompañó en silencio.

Y cuando comencé a reconocerme en ese nombre, no adopté una identidad nueva.

Descubrí una dimensión que siempre había estado presente: la diferencia entre la historia que vivo y la consciencia desde la que puedo observarla.

Oasis no es una identidad que deba demostrar ni un lugar al que deba llegar.

Es la memoria profunda de que, debajo de todas mis formas, existe algo entero. Algo capaz de conocer la herida sin perder su pureza, amar la vida sin aferrarse a ella y regresar una y otra vez al centro.

No comprendo todavía todo lo que significa Oasis ni todo lo que su presencia encarna. Sin embargo, comienzo a reconocer algunos de sus atributos despertando dentro de mí.

Los percibo en la sensibilidad que ya no deseo esconder. En la capacidad de escuchar lo que no siempre puede expresarse con palabras. En la reverencia por la vida, en el impulso de acompañar a otros y en esa fuerza serena que me invita a permanecer abierta incluso después de haber atravesado el dolor.

Siento que Oasis ha habitado muchos cuerpos, muchas formas, muchas identidades y muchas historias.

Ha atravesado encuentros, pérdidas, heridas, amores y despedidas. Pero ninguna de esas experiencias ha podido manchar su esencia.

Las historias dejaron memorias, pero no destruyeron su pureza.

Los cuerpos cambiaron, pero algo permaneció.

Las identidades nacieron y desaparecieron, pero el alma continuó impoluta, inmaculada, intacta en lo más profundo de sí misma.

No porque no haya conocido la oscuridad, sino porque ninguna oscuridad pudo alterar aquello que es en su raíz.

Quizá el alma no necesita ser purificada de la vida.

Quizá solo necesita ser liberada de los velos que nos impiden reconocer la pureza que nunca perdió.

Silvana puede sentirse rota, perderse en el miedo o creer que se ha alejado de la luz.

Oasis recuerda que ninguna de esas experiencias agota lo que soy.

No para negar el dolor, sino para atravesarlo sin quedar reducida a él.

No para borrar la historia, sino para contemplarla desde una profundidad más amplia.

A través de Silvana, Oasis encuentra una voz.

Silvana ofrece una forma.

Oasis revela profundidad.

Silvana da un rostro a la experiencia.

Oasis recuerda que ningún rostro puede contenerla por completo.

Una vive.

La otra recuerda.

Una atraviesa el tiempo.

La otra reconoce aquello que permanece más allá del tiempo.

Una siente.

La otra observa sin dejar de amar.

Juntas comienzan a caminar como una sola presencia, no porque sean idénticas, sino porque ya no necesitan enfrentarse.

Oasis no está aprendiendo a vivir como Silvana.

Silvana es quien aprende a vivir, sentir y atravesar el mundo. Oasis recuerda, a través de ella, que siempre estuvo aquí.

Quizá esa sea la integración:

No elegir entre la mujer y el alma.

Entre la historia y la consciencia.

Entre la forma y lo innombrable.

Silvana continúa siendo Silvana.

Oasis continúa siendo Oasis.

Pero ya no se viven como dos presencias separadas.

Silvana camina.

Oasis le recuerda el camino.

Silvana pregunta.

Oasis responde.

Silvana atraviesa la vida.

Oasis le revela que, en lo más profundo, nunca estuvo separada de aquello que la sostiene.

Y entonces algo cambia.

La herida sigue siendo real, pero ya no tiene la última palabra.

El miedo puede aparecer, pero ya no puede definir el horizonte.

La historia continúa, pero deja de ser una prisión.

Silvana ya no tiene que abandonar su humanidad para encontrar lo sagrado. Puede llorar, dudar, cansarse, amar imperfectamente y seguir siendo un espacio donde la consciencia despierta.

Oasis tampoco tiene que permanecer oculta para conservar su pureza. Puede entrar en la vida, tocar el mundo, atravesar el cuerpo y expresarse en cada gesto de amor, en cada acto de presencia y en cada elección hecha desde la verdad.

La mujer no desaparece para que el alma exista.

El alma no se pierde porque la mujer sienta.

Silvana es la forma a través de la cual Oasis puede tocar la Tierra.

Oasis es la profundidad desde la que Silvana aprende a vivir.

Y quizá eso sea recordar quién soy:

No una mujer separada de su alma.

No un alma intentando escapar de su humanidad.

Sino una vida en la que ambas se reconocen.

Y en ese encuentro, la historia deja de ser solamente algo que me ocurrió.

Se convierte en el lugar exacto donde lo eterno decidió revelarse.

No vine a convertirme en otra.

Vine a volver a mí.

Y ahora sé que volver a mí no significa regresar a quien fui.

Significa reconocer, por fin, aquello que nunca dejó de estar aquí.

Silvana sigue siendo el rostro.

Oasis sigue siendo la profundidad.

Pero cuando el rostro deja de huir de la profundidad y la profundidad deja de permanecer oculta, ya no hay separación que sostener.

Solo queda una presencia viva.

Una presencia que siente.

Una presencia que recuerda.

Una presencia que atraviesa el mundo sin olvidar su Origen.

Y esa presencia soy yo.






Vuelve al círculo, mujer sagrada.Al círculo invisible que nos sostiene,al fuego que permanece encendidohasta que volvamo...
09/08/2026

Vuelve al círculo, mujer sagrada.

Al círculo invisible que nos sostiene,
al fuego que permanece encendido
hasta que volvamos a encontrarnos.

Vuelve, tú que escuchas el susurro de las estrellas.
Tú que encuentras en una piedra, en una pluma,
un símbolo que despierta algo antiguo en tu interior.
Tú que descansas junto a los árboles abuelos
y sientes que su silencio también tiene voz.

Vuelve, mujer que habla con las plantas,
que acerca las manos a la tierra
y recuerda que también tiene raíces.

La que se reconoce agua,
la que aprende de las mareas
a moverse, a recogerse,
a regresar sin dejar de ser océano.

Trae la voz que guardaste para no incomodar.
Trae las preguntas que no te atreviste a pronunciar.
Trae tu ternura, tu rabia, tu alegría,
y ese cansancio de hacerte pequeña
para encontrar un lugar.

Aquí puedes ocupar tu espacio.
Puedes hablar con la voz temblando.
Puedes dejar que otra te acompañe
mientras encuentras tus propias palabras.

Sentémonos alrededor del fuego.
Escuchemos lo que cada una trae.
Que haya manos para sostener,
silencio para escuchar
y espacio para quien necesita llorar.

Tal vez lo ancestral también sea esto:
volver a mirarnos sin competir,
compartir el pan y la palabra,
recordar que podemos caminar juntas.

Vuelve al círculo, mujer sagrada.
Acércate como estés.

Ya hay un lugar para ti junto al fuego.
Y cuando estés lista,
queremos escuchar tu voz.




Hay un llamado antiguo despertando bajo la piel.No viene de afuera.Viene de la memoria.Del cuerpo.De la intuición que so...
09/07/2026

Hay un llamado antiguo despertando bajo la piel.

No viene de afuera.
Viene de la memoria.
Del cuerpo.
De la intuición que sobrevivió al silencio.

Es la voz de las que estuvieron antes.
De las que supieron escuchar la Tierra, leer los ciclos, honrar el fuego y confiar en aquello que no podía explicarse.

Y ahora esa voz vuelve.

No para que seamos quienes fuimos,
sino para que dejemos de olvidar quiénes somos.

Hay mujeres regresando a sí mismas.
Y cuando una mujer recuerda,
algo ancestral vuelve a respirar en el mundo.




Las Brujas están despertandoHay un sonido antiguo bajo la piel de la Tierra.No viene de afuera.Viene de muy lejos.De muy...
09/06/2026

Las Brujas están despertando

Hay un sonido antiguo bajo la piel de la Tierra.

No viene de afuera.
Viene de muy lejos.
De muy adentro.

Como si mil cuervos cruzaran el cielo al mismo tiempo
y en su vuelo dijeran una sola palabra:

Recuerda.

Recuerda el fuego en tu vientre.
El tambor que nunca dejó de sonar en tu pecho.
La voz que callaste para no incomodar.
La intuición que aprendiste a dudar.
La parte de ti que se hizo pequeña para poder pertenecer.

Somos luz y oscuridad.
Trueno y viento.
Tormenta y agua.
La mano que acaricia
y la que sabe soltar.

No vinimos a mutilarnos para parecer puras.
Vinimos a volvernos enteras.

Durante demasiado tiempo vivimos endurecidas,
produciendo, resistiendo, controlando, sosteniendo.

Y olvidamos.

Olvidamos el cuerpo.
Los ciclos.
La espera.
La escucha.
La sabiduría de lo que no necesita explicación.

A las mujeres que todavía recordaban las llamaron brujas.

Las que conocían las plantas.
Las que escuchaban la Tierra.
Las que sabían cuándo quedarse y cuándo partir.
Las que podían sentir una verdad antes de encontrar palabras para nombrarla.

Tal vez no les temían por oscuras.

Tal vez les temían porque no habían olvidado quiénes eran.

Y ahora algo vuelve.

No como guerra.
No como rebelión contra lo masculino.

Como regreso.

Regreso a una fuerza femenina que no necesita gritar para ser poderosa.
Que no confunde suavidad con sumisión.
Que puede amar sin desaparecer.
Cuidar sin vaciarse.
Entregarse sin abandonarse.

También estamos regresando al círculo.

Al lugar donde una mujer no necesitaba apagar a otra para poder brillar.
Donde la sabiduría se compartía.
Donde las manos se encontraban.
Donde una llama encendía otra.

Hay dolores que no comenzaron con nosotras
y, sin embargo, todavía respiran en nuestros cuerpos.

Quizá ha llegado el tiempo de agradecer lo heredado
y devolver lo que ya no necesitamos cargar.

Que termine aquí el silencio.
Que termine aquí el abandono de una misma.
Que termine aquí la antigua costumbre de desaparecer para ser amada.

Escucha.

La Tierra sigue llamando.

El tambor sigue sonando.

Los cuervos ya están en el cielo.

Las brujas están despertando.

No las de los cuentos.

Las que recuerdan.

Las que regresan.

Las que vuelven a habitarse.

Y cuando una mujer vuelve verdaderamente a sí misma,
algo antiguo se enciende en todas.

Recuerda, hermana.

No tienes que convertirte en alguien nueva.

Solo dejar de traicionar
a la mujer que siempre estuvo esperando dentro de ti.



BINÁ — La inteligencia que da formaEn el Árbol de la Vida, Biná —בינה— significa comprensión, entendimiento. Es la capac...
09/04/2026

BINÁ — La inteligencia que da forma

En el Árbol de la Vida, Biná —בינה— significa comprensión, entendimiento. Es la capacidad de recibir una intuición todavía sin forma y contemplarla hasta que pueda ser comprendida, organizada e integrada.

Si Jojmá es el destello de sabiduría, la semilla, la intuición repentina que aparece antes de que podamos explicarla, Biná es la matriz que recibe esa semilla y la desarrolla.

Por eso, simbólicamente, Jojmá representa el principio expansivo y Biná el principio receptivo y estructurador.

Jojmá dice:
«Lo veo.»

Biná pregunta:
«¿Qué significa realmente aquello que estoy viendo?»

Biná observa, distingue, relaciona, profundiza. No se conforma con saber algo intelectualmente; necesita penetrarlo hasta comprender su estructura interna.

De ahí que tradicionalmente sea asociada con la imagen de la Madre, porque así como un útero recibe una semilla y le proporciona las condiciones necesarias para convertirse en una forma, Biná recibe la sabiduría todavía abstracta de Jojmá y comienza a darle límites, estructura y significado.

Pero existe también una enseñanza profunda en ella:

comprender no significa acumular información.

Podemos estudiar durante años, conocer innumerables teorías y repetir conceptos espirituales sin que estos hayan descendido realmente a nuestra vida.

La verdadera Biná aparece cuando el conocimiento se vuelve comprensión; cuando aquello que alguna vez escuchamos comienza a transformarnos desde dentro.

En equilibrio, Biná nos permite detenernos antes de reaccionar, escuchar antes de responder, contemplar antes de juzgar y reconocer que una misma realidad puede ser observada desde diferentes niveles de profundidad.

En desequilibrio, esa misma capacidad puede convertirse en exceso de análisis, rigidez intelectual, necesidad de comprenderlo todo antes de actuar o apego a nuestras propias conclusiones.

Por eso Biná también nos enseña humildad mental.

Hay momentos para comprender y hay momentos en los que debemos aceptar que todavía no comprendemos.

Y quizás una de sus enseñanzas más hermosas sea esta:

Jojmá recibe la chispa.
Biná le da un recipiente.
Pero es cuando ambas descienden hacia el corazón que la sabiduría comienza verdaderamente a convertirse en vida.

Porque la espiritualidad no consiste únicamente en conocer grandes verdades, sino en permitir que aquello que comprendemos transforme nuestra manera de mirar, de relacionarnos y de vivir.



Lo que parece separado, en la raíz es Uno.Aquí, en la experiencia de la dualidad, somos muchos.Distintos cuerpos, histor...
09/02/2026

Lo que parece separado, en la raíz es Uno.

Aquí, en la experiencia de la dualidad, somos muchos.
Distintos cuerpos, historias, pensamientos, caminos y maneras de comprender la existencia.

Y no necesitamos dejar de ser distintos.

La diversidad pertenece a este plano de la experiencia.

Pero si llevamos la mirada hacia la raíz, hacia aquello que precede toda separación, quizá descubramos algo diferente: no una multitud intentando convertirse en Uno, sino una Unidad expresándose como multitud.

En el lenguaje de la Cábala podríamos acercarnos a esta intuición a través del Ein Sof: lo Infinito, anterior a toda forma, a toda distinción y a todo nombre.

Allí no existe todavía “yo” y “otro”.
No existe esto frente a aquello.
No existen fragmentos separados que deban reunirse.

Existe Unidad.

Y de esa Unidad emerge la multiplicidad de la vida, como innumerables ramas que nacen de una misma raíz, o como infinitos hilos que parecen independientes hasta que alcanzamos a contemplar la trama completa.

Quizá por eso algunas imágenes nos conmueven de una manera que la razón no alcanza a explicar.

Tal vez algo en nosotros reconoce.

Reconoce que aquí somos muchos,
pero que en lo profundo nunca hemos estado verdaderamente separados.

La no dualidad no nos pide ser iguales.
Nos recuerda que, antes de toda diferencia, somos expresión de una misma Fuente.

Muchos rostros.
Infinitas expresiones.
Una sola raíz.



No todo lo que está naciendo necesita ser contado.Hay proyectos, relaciones, decisiones o compras que necesitan un tiemp...
08/31/2026

No todo lo que está naciendo necesita ser contado.

Hay proyectos, relaciones, decisiones o compras que necesitan un tiempo de intimidad antes de exponerse. No solo porque las opiniones ajenas pueden influir en nosotros, sino porque desde muchas tradiciones también se habla de la importancia de resguardar aquello que aún está gestándose de miradas cargadas de envidia, comparación o mala intención; eso que ancestralmente se ha llamado mal de ojo.

No se trata de vivir con miedo ni de desconfiar de todos. Se trata de comprender que no todas las personas necesitan tener acceso a lo que estamos construyendo antes de que tenga raíces.

A veces el silencio no es secreto: es protección.

Hay semillas que primero necesitan crecer bajo tierra.

Hazlo. Vívelo. Consolídalo. Y cuando ya sea realidad, entonces cuéntalo.




08/30/2026

La espiritualidad real no se estudia solamente: se vive, se encarna.

Podemos leer muchos libros, conocer símbolos, estudiar tradiciones, aprender conceptos y hablar durante horas acerca de la consciencia. Pero llega un momento en que todo aquello que hemos comprendido necesita descender de la mente y convertirse en vida.

La palabra espíritu proviene del latín spiritus: aliento, soplo, respiración. Está relacionada con spirare, respirar.

Quizá por eso la espiritualidad no necesita estar separada de nuestra humanidad.
Está en el hálito que nos mantiene vivos.
En el aire que entra y sale de nuestros pulmones.
En la presencia con la que habitamos nuestro cuerpo.
En cómo hablamos, cómo escuchamos, cómo amamos, cómo ponemos límites, cómo atravesamos el dolor y cómo tratamos al otro.

La espiritualidad no ocurre únicamente durante una meditación, una oración o un ritual.

También ocurre cuando cocinamos.
Cuando trabajamos.
Cuando cuidamos.
Cuando reconocemos un error.
Cuando permanecemos en silencio.
Cuando elegimos conscientemente nuestra manera de responder.

Porque de poco sirve hablar de amor si no aprendemos a amar.
Hablar de compasión si no sabemos mirar al otro.
Hablar de consciencia si vivimos reaccionando inconscientemente.

El conocimiento puede mostrarnos el camino, pero llega un punto en que debemos caminarlo.

Entonces la espiritualidad deja de ser algo que sabemos y comienza a convertirse en algo que somos.

Quizá encarnar el espíritu sea precisamente eso:

recordar, respiración tras respiración, que mientras haya aliento hay vida… y mientras haya vida, existe la posibilidad de vivirla con consciencia.



Jojmá — La chispa de la SabiduríaDespués de Kéter, la Voluntad primordial, aparece Jojmá (חכמה): el primer destello de a...
08/28/2026

Jojmá — La chispa de la Sabiduría

Después de Kéter, la Voluntad primordial, aparece Jojmá (חכמה): el primer destello de aquello que desea manifestarse.

En la tradición cabalística, Jojmá es llamada Sabiduría, pero no se refiere únicamente al conocimiento intelectual. Es esa comprensión que aparece de pronto, antes de que podamos explicarla con palabras: una intuición, una imagen, una certeza interior, una idea que llega completa en un instante.

Jojmá representa también el principio masculino de la creación —masculino en sentido arquetípico, no biológico—. Es una energía expansiva, fecundante y proyectiva: la fuerza que entrega la semilla, el impulso inicial que busca desplegarse y convertirse en creación.

En la Kabbalah luriana, Jojmá se relaciona con Abba, el principio del Padre. Podemos imaginarla como una semilla que contiene potencialmente un árbol entero, aunque todavía no haya desarrollado sus raíces, ramas y frutos.

Frente a ella se encuentra Biná, asociada a Imma, el principio de la Madre: la capacidad receptiva que contiene esa semilla, la desarrolla, le da estructura y permite que aquello que apareció como un destello pueda ser comprendido y posteriormente manifestado.

Así, Jojmá expande y Biná contiene; Jojmá fecunda y Biná gesta; Jojmá entrega la chispa y Biná le da forma. No son fuerzas opuestas, sino complementarias.

Y esta dinámica también vive dentro de nosotros. Hay momentos en los que primero aparece una intuición, una visión o un saber súbito, y solamente después comenzamos a comprenderlo.

Jojmá nos invita entonces a cultivar suficiente silencio interior para percibir esa primera chispa, sin apresurarnos a convertirla inmediatamente en explicación, juicio o certeza absoluta.

Porque la intuición verdadera no nos hace superiores ni significa que siempre tengamos razón. Nos entrega una semilla. Después vendrán el discernimiento, la comprensión y la experiencia para ayudarnos a descubrir qué hacer con ella.

Jojmá es la luz que se expande.
Biná es la vasija que la recibe y la desarrolla.
Y del encuentro entre ambas comienza a desplegarse la creación.



Últimamente se escucha mucho la expresión “farmear aura”: sumar esos puntos invisibles que hacen que una persona proyect...
08/26/2026

Últimamente se escucha mucho la expresión “farmear aura”: sumar esos puntos invisibles que hacen que una persona proyecte presencia, seguridad, autenticidad y magnetismo.

Y aunque nació en el lenguaje de internet, quizá encierra algo interesante.

Porque también podemos farmear aura cuando aprendemos a sostener nuestra palabra, cuando dejamos de buscar aprobación, cuando caminamos con más seguridad, cuando desarrollamos carácter, cuando somos coherentes con lo que pensamos, sentimos y hacemos.

No siempre se trata de aparentar ser “cool”. A veces se trata de construir una presencia que nazca de aquello que hemos cultivado por dentro.

Cada límite que aprendemos a poner, cada miedo que atravesamos, cada vez que elegimos actuar desde nuestra verdad… también suma.

Así que sí:
farmea aura.
Pero que aquello que proyectas hacia afuera sea el reflejo de lo que estás construyendo por dentro. ✨




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