09/02/2026
Ella se va y siento que toda una historia se va con ella.
La recuerdo en aquella casa color coral y azul. Hermosa, sencilla, siempre tan limpia que la luz brillaba sobre los pisos de cemento. Las ventanas de madera dejaban entrar el aire fresco y desde ellas se veía el jardín con flores.
Me encantaba esa casa.
Luego salías y entrabas a la cocina. Era como entrar a otro mundo: el olor a humo, el fogón y una paila tan grande que parecía que iba a alimentar a un batallón.
Y ella, pelando guineos. No sé cómo podía pelar tantos sin cansarse. Solo de verla me agobiaba.
Y ella se reía.
En un rincón estaba la tinaja llena de agua de lluvia y aquel jarrito de aluminio con el que sacábamos el agua. Todavía puedo recordar su sabor.
Sabía a lluvia, a rocío en la mañana. Sabía a casa.
Y sus huevos fritos… Nadie los hacía como ella. Batía la clara hasta que aparecía aquella espumita doradita alrededor.
No sé cómo explicarlo. Sabían a amor. A cuidado.
Ella era nuestra hermana, pero nos trató como si fuéramos sus hijos. En sus últimos años ya no hablaba. Pero cuando me veía me abrazaba fuerte. Muy fuerte.
Y yo sabía. No hacía falta que dijera nada.
Cierro los ojos y no puedo dejar de llorar. Pero no es solo tristeza. También es agradecimiento.
Porque hoy entiendo que aquella casa sencilla era uno de los lugares más hermosos del mundo. Y nosotros no lo sabíamos. Éramos niños. Solo estábamos viviendo.
No sabíamos que un día extrañaríamos el humo. Que aquella agua de lluvia sería la más dulce en la memoria. Que verla pelar guineos, mientras se reía.
No sabíamos que aquello era amor.
Y quizás eso también me deja tu partida, Tanano: recordar que esta vida también está sucediendo ahora. Que estas pequeñas cosas de hoy, algún día, también serán recuerdos.
Por eso quiero mirar. Estar presente. Agradecer. Amar.
Sabes, no te vas. Te quedas aquí en mi cocina. Cuando b ato los huevos como tú. Espero aquella espumita. Los veo ponerse doraditos y, por un instante, estoy otra vez contigo.
Pero nunca saben igual. Nunca saben igual!
Te quedas en aquel olor a humo que todavía puedo sentir si cierro los ojos.
Y en tu sonrisa, amplia y bella, que no necesito imaginar. ❤️