18/02/2026
Entre tanto sucediendo, el mundo parece no detenerse…
y más de una vez he tenido la sensación de “me quiero bajar”.
¿La has sentido?
Vivir en estado de alerta.
En supervivencia.
Rodeada de estímulos, de listas interminables del hacer, de proyectos, de metas…
y en el medio, la vida.
Esa sensación de no poder parar.
Pero, ¿qué pasa si me doy ese espacio?
Si a esa rutina vertiginosa le pongo pausa.
¿Qué pasa si me doy el regalo de escuchar a mi cuerpo — mi gran brújula — y lo que necesita?
No mi mente.
Mi cuerpo.
Ahí es cuando mi proceso de autorregulación comienza.
Cuando dejo de luchar con lo que el mundo exige
y me doy un espacio compasivo para ir a mi propio ritmo.
No el de afuera. El interno.
No fue de un día para el otro.
Fueron años. Y sigue siendo un proceso.
Pero en esa búsqueda hay algo claro: respeto por mi camino.
Por mi tiempo.
Y desde ahí puedo vincularme con el afuera de una forma mucho más liviana.
En las sesiones acompaño desde mi propia experiencia, permitiéndome no saber.
Porque ahí es donde aparece tu ritmo.
Y desde mi lugar, estoy para ser testigo de tu proceso.
Eso, para mí, es un honor.