13/08/2026
COSAS QUE APRENDÍ DE LOS QUE SIENTEN DOLOR.
Hay que hablar del dolor, hay que hablar para evitar el sufrimiento.
¿Cómo se explica esto? El dolor en la vida es inevitable. Nos va a doler cuando crecemos, nos duele desde que se nos cae un diente hasta que nos damos un golpe andando en bicicleta, bajando una escalera, trepando un árbol, peleando con un amigo, recibiendo un rezongo, sufriendo una penitencia. En la vida todo básicamente duele, a distintos niveles, emocionales, físicos, etcétera, o ambos.
Pero estamos diseñados, por alguna razón, para tener ciertos niveles de tolerancia al dolor. Pero el sufrimiento, de acuerdo a las personas que entienden mucho de esto, parecería ser la consecuencia de no procesar correctamente ese episodio que nos produjo un dolor. Y el hecho de no poder verbalizarlo y procesarlo adecuadamente es lo que para muchos especialistas trae el sufrimiento, y con el sufrimiento, el trauma. Y digo trauma en términos muy coloquiales. No estoy especializado en ninguna área de estas, así que simplemente estoy diciendo las cosas que aprendí de la gente que sufre.
Cuando nosotros negamos la emocionalidad, estamos perdiendo una oportunidad hermosa de experimentar, dentro del sufrimiento propio y ajeno, aquellos procesos sanadores, aquellos aprendizajes que solo trae la tristeza profunda, de la mano de la reflexión, de la contención, de la humanidad que despierta en nosotros y en otros que nos rodean, o con quienes nos rodeamos, nos juntamos para hablar de lo que nos duele.
Creo que nadie que sufre quiere ser excluido, nadie que sufre quiere ser castigado, y nadie que sufre quiere ser estigmatizado por hacerlo. Sufre porque no pudo procesarlo adecuadamente. Sufre porque no le hemos dado un entorno lo suficientemente amplio y humano para poder decir, estoy con dolor.
Y lo obligamos, en el silencio en el que lo sumergimos, en la soledad en que lo dejamos, a después gritarnos que está sufriendo.
Cuando alejamos a esas personas de nosotros, mucho más que cualquier persona que nos diga que se lastimó un pie, la espalda, un tobillo, estamos discriminando por tipo de dolor. Estamos discriminando a un tipo de sufrimiento. Y es un sufrimiento que demanda de nosotros humanidad.
Una pierna quebrada no, un golpe en la espalda no. Dejamos en manos de los médicos y de la rutina de medicación y de descanso y recuperación. Pero ese tipo de dolor me he dado cuenta que no demanda de nosotros mucho más.
El dolor emocional sí. El dolor emocional te obliga a sacar lo humano para afuera, te obliga a medir tu humanidad, te obliga a preguntarte qué tan humano sos para acompañar este proceso, qué tan a la altura estás del sufrimiento ajeno, qué tanto se puede estirar tu corazón, qué tanto se puede doblar tu alma hacia la dirección donde están los dolores de los otros.
Y es ahí cuando uno sabe de qué está hecho.
Algunas cosas que yo cambiaría, no dejaría a nadie solo, lo integraría cada vez que se pueda en su medida para que siga en comunidad, laboral, estudiantil, familiar, comunitaria. Lo haría sentir útil, lo haría sentir integrado, lo haría sentir cómodo para que pueda expresar su humanidad, su sufrimiento humano, esa sensibilidad que nosotros después estamos pidiendo que también ellos tengan cuando las circunstancias se lo demanden, que estén a la altura, que sean humanos, que sean dignos, que nos hagan sentir orgullosos.
Pero cuando una persona sufre, en respuesta, en lugar de acogerlo y abrazarlo y dejar que se cure cerca de nosotros, hacemos todo lo contrario.
Y ahí, ahí probablemente ahí está la mayor causa de todos nuestros errores como comunidad, como colectivo, como grupo humano. El de tener la incapacidad de sufrir con el otro cuando no es un dolor que nos interpele.
Hay cosas que podemos hacer que son súper simples.
Si ves a alguien mal, no le digas que lo ves mal. Tratá de saber qué le pasa primero. Tratá de hacerlo sentir en un lugar seguro para que al menos te cuente por qué está mal. Quizás no te diga qué realmente lo está haciendo sufrir, pero por qué está mal, por qué lo ves mal. Pero no le digas que está mal.
Tratá de destacar cosas positivas en ese momento para esa persona. Porque a veces estamos tan al borde que una gota derrama el vaso, que a veces un grado de inclinación hace que el edificio se derrumbe.
Entonces, siempre, siempre, antes de llegar a hacer una broma que sea crítica o decir una grosería o hacer un comentario negativo o despectivo, pensemos primero en que no sabemos cómo está la otra persona, que no sabemos con todo lo que está lidiando, que no sabemos si realmente está pasando por un dolor importante para él o para ella.
Y lo que menos necesita, yo creo que cualquier ser humano en cualquier momento de su existencia, pero cuando está sufriendo o tiene un dolor, es que algo negativo nosotros le agreguemos a su existencia, a su dinámica, para que siga cerrándose en sí mismo y termine concluyendo que el mundo, las personas y todo lo que conoce y conoció pierde sentido, porque nada, nada parece comprenderlo ni acercarse humanamente a él para saber qué le pasa.
Como quizás, probablemente hizo muchas veces esa persona que ahora está sufriendo por otras personas.
Entonces, seamos amables, preguntemos qué pasa, generemos esa instancia, destaquemos cosas positivas de las personas cuando están pasándolo mal.
Hagamos lo que nos gustaría que alguien haga por alguien que nosotros amamos, si en el momento en que esa persona que amamos se encuentra lejos de nosotros y sola, y alguien se acerca y puede salvarla con un comentario, un abrazo, una acá estoy para lo que sea.
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Miguel Barrios.
094 831 781.