Débora Torrente

Cómo llegar Página web Contactar con la empresa

Débora Torrente Te cuento, encontré hace unos años una metáfora sobre los icebergs que tomaría poco a poco un sentido que trascendería mi manera de trabajar.

UNODEOCHO surge de la necesidad de contemplar la comida no solo como algo separado de nosotros en el plato, si no nuestra relación con ella y cómo dicha relación habla de nosotros Y es que su idea de lo oculto, de lo que “no vemos a simple vista” ya que sólo somos capaces de observar una octava parte de lo que realmente representa la totalidad de esta gigante masa de hielo, es donde surgió: Uno de ocho.

¿Qué ocurre cuando nos marcamos un objetivo, una meta que alcanzar e inundamos nuestra mente de pensamientos? Normalmente, sabemos más o menos lo que podríamos empezar a hacer para alcanzarlo, somos conscientes de qué es lo que queremos… ¿entonces? Muchas veces contando con todo lo anterior no conseguimos ponernos en marcha, o bien, nuestra motivación fluctua, nos autoboicoteamos, señalamos a responsables, nuestro foco se pierde, algo va a contracorriente ¿te suena? Pues esta es la punta visible del iceberg: las acciones que recogemos, nuestro entorno, nuestras conductas y actitudes… ¿pero que determina y condiciona realmente lo que vemos? Es aquí donde se contempla la parte sumergida del iceberg, aquello que no vemos a simple vista: nuestras creencias y valores, nuestra identidad, nuestra motivación, nuestra misión y visión…
¿Te das cuenta de la importancia de profundizar en tu proceso de cambio?

13/10/2026

Quiero recordarte algo que quizás necesitabas leer hoy y que me encuentro todos los días en sesiones:

No tienes que hacerlo todo perfecto para empezar a cuidarte. 🤎

Porque siempre pasan cosas. Y esa es una de mis máximas.

Si te fijas, siempre hay imprevistos, noticias nuevas, cosas que no esperabas, planes que se tuercen… Y también momentos bonitos que te invitan a parar y disfrutar.

En medio de todo eso, puedes elegir cuidarte.

Puedes hacer pequeños gestos cada día para ser coherente contigo y acercarte a la salud que quieres construir. Tu cuerpo tiene una gran capacidad para adaptarse y recuperar el equilibrio. Acompañarlo es aprender a escuchar lo que necesita y darle recursos para hacerlo.

Tienes a tu cuerpo de tu lado.

Y esos gestos, aunque te parezcan pequeños, se van sumando. Un día tras otro. Pueden convertirse en cambios que se sostienen y transforman tu manera de vivirte.

Aunque todavía no lo hagas perfecto.
Aunque estés aprendiendo.
Aunque tengas que ajustar cada día.

De eso va: de aprender a ajustarte y ser creativa para encontrar cómo cuidarte en la vida que tienes hoy.

¿Qué pequeño gesto de cuidado puedes regalarte hoy?

La enfermedad no llega de repente.En consulta oigo muchos “de repente”.De repente empecé a tener reflujo y acidez.De rep...
08/10/2026

La enfermedad no llega de repente.

En consulta oigo muchos “de repente”.
De repente empecé a tener reflujo y acidez.
De repente dejé de dormir.
De repente me diagnosticaron osteoporosis, hipotiroidismo, hipertensión…

Casi nunca es de repente.

Cada día tomamos pequeñas decisiones sin darnos cuenta: cómo comemos, cómo descansamos, cómo sostenemos lo que nos pasa. Se repiten, se vuelven hábito, y esos hábitos forman un estilo de vida que, con el tiempo, genera la enfermedad.

Mientras tanto, el cuerpo habla. Cansancio todos los días, digestiones pesadas, dormir mal, palpitaciones, irritabilidad, un dolor que no acaba de irse. Son mensajes. Solo que nadie nos ha enseñado a leerlos.

Esta idea es muy antigua. Hipócrates hablaba de la vis medicatrix naturae, la fuerza curativa de la naturaleza que vive dentro de nosotros.
La medicina Unani, heredera greco-árabe de su conocimiento, la llama tabiat: la sabiduría propia del cuerpo para mantener su equilibrio y sanarse.

Hoy la ciencia lo llama homeostasis.

El efecto placebo lo demuestra: no es la sustancia lo que alivia, es tu propio cuerpo, capaz de calmar el dolor, regular la inflamación y coordinar tu sistema inmune.

La medicina occidental es brillante cuando el cuerpo está en fase crítica: cirugías, infecciones graves, urgencias. Donde no somos tan buenos es en prevenir.

Y esta es mi opinión, después de lo que veo cada día: llegamos a tanta intervención porque no sabemos prevenir. La forma de prevenir que hemos encontrado es el fármaco, que tapa el síntoma sin ir a su causa.

Los fármacos salvan vidas, y nadie tiene por qué sufrir si existe un tratamiento que alivie. Pero el fármaco debería acompañar.

Porque realmente lo que sostiene tu salud es cómo vives.

Escribe CLARIDAD en comentarios y te cuento cómo es la sesión de claridad: 30 minutos, sin coste, para mirar tu caso concreto.

07/10/2026

Si te resuena este mensaje sígueme para más 👉🏻

Y si no te faltó fuerza de voluntad, y lo que pasaba es que estabas en modo supervivencia y no sabías cómo apagarlo?Sabe...
06/10/2026

Y si no te faltó fuerza de voluntad, y lo que pasaba es que estabas en modo supervivencia y no sabías cómo apagarlo?

Sabes lo que te sienta bien. Lo has leído, lo has estudiado, quizá hasta se lo explicas a otras personas. Y aun así, al final de un día difícil, la decisión se toma sola.

Un estudio publicado en Neuron (Maier, Makwana y Hare, 2015) mostró que el estrés agudo cambia cómo se comunican las zonas del cerebro que intervienen en la decisión.
Después de un momento de estrés, el sabor inmediato gana peso y tus objetivos a largo plazo pierden voz. No es que te importen menos. Es que los circuitos que los sostienen se conectan peor justo cuando más los necesitas.

Eso es el modo supervivencia. Tu cuerpo etá intentando protegerse con los recursos que tiene.

Por eso apretar más no lo apaga.

Lo que funciona es enseñar a tu sistema nervioso que puede salir de la alerta, y el nervio vago es una de las piezas clave de ese proceso.

Escribe TEST en comentarios y te mando un test para evaluar el estado de tu nervio vago y ver en qué punto estás a nivel de sistema nervioso.

Fuente: Maier SU, Makwana AB, Hare TA. Acute stress impairs self-control in goal-directed choice by altering multiple functional connections within the brain’s decision circuits. Neuron. 2015;87(3):621-31.

Y si no te faltó fuerza de voluntad, y lo que pasaba es que estabas en modo supervivencia y no sabías cómo apagarlo?Sabe...
06/10/2026

Y si no te faltó fuerza de voluntad, y lo que pasaba es que estabas en modo supervivencia y no sabías cómo apagarlo?

Sabes lo que te sienta bien. Lo has leído, lo has estudiado, quizá hasta se lo explicas a otras personas. Y aun así, al final de un día difícil, la decisión se toma sola.

Un estudio publicado en Neuron (Maier, Makwana y Hare, 2015) mostró que el estrés agudo cambia cómo se comunican las zonas del cerebro que intervienen en la decisión. Después de un momento de estrés, el sabor inmediato gana peso y tus objetivos a largo plazo pierden voz. No es que te importen menos. Es que los circuitos que los sostienen se conectan peor justo cuando más los necesitas.

Eso es el modo supervivencia. Tu cuerpo etá intentando protegerse con los recursos que tiene.

Por eso apretar más no lo apaga. Lo que funciona es enseñar a tu sistema nervioso que puede salir de la alerta, y el nervio vago es una de las piezas clave de ese proceso.

Escribe TEST en comentarios y te mando un test para evaluar el estado de tu nervio vago y ver en qué punto estás a nivel de sistema nervioso.

Fuente: Maier SU, Makwana AB, Hare TA. Acute stress impairs self-control in goal-directed choice by altering multiple functional connections within the brain’s decision circuits. Neuron. 2015;87(3):621-31.

01/10/2026

A las once de la noche, en tu cocina, hay tres mujeres. Y las tres eres tú.
Karpman lo describió en 1968 entre personas: verdugo, víctima y salvadora. Tres papeles que no son fijos, van rotando. Y cuando digo que rotan es que lo hacemos dentro de nuestra cabeza dependiendo de contexto y situación, encarnamos esos personajes:

El verdugo te vigila y te persigue para nota: “Otra vez. No tienes fuerza de voluntad.”
La víctima es la de “pobre de mi”, No puedo más. Señala a fuera, se quita responsabilidad… con esos: Ya da igual.”
Y ahí es donde aparece la salvadora que trae el alivio rápidito a tanto malestar: enciende la tele, abre el armario, fuma, bebe, haz scroll… “Un día es un día.”

Y entonces… después de que la salvadora te haya rescatado, vuelve el verdugo: “Mira lo que has hecho.” Ahí tienes el ciclo completo de un triangulo que se que vivís de forma muy cansina.

¿En qué vértice entras tú primero? ¿Te reconoces?

Escribe CLARIDAD si quieres que lo exploremos juntas 😉

23/09/2026

Pides ensalada y alguien suelta: “¿otra vez?” No están hablando de tu ensalada.

Mecanismo 1: comemos mirando al de al lado. Un metaanálisis de casi 40 estudios: comemos más cuando quien tenemos delante come más, y menos cuando come menos. Usamos al otro para calcular cuánto es “normal” comer aquí (Cruwys, Bevelander & Hermans, 2015; Herman, Roth & Polivy, 2003). Cuando cambias lo que pides, no cambias solo tu plato: mueves la referencia de la mesa.

Mecanismo 2: no responden a lo que dices. Responden a lo que temen que pienses. Un experimento sencillo: pidieron a personas que comen carne que escribieran las palabras que les venían a la cabeza al pensar en vegetarianos. El 47% escribió cosas negativas. Después midieron cuánto creía cada uno que un vegetariano le miraría por encima del hombro. Cuanto más esperaba ser juzgado, peores palabras había escrito. Y lo confirmaron al revés: si primero imaginaban qué opinaría un vegetariano de su forma de comer y luego lo valoraban, las notas bajaban. Sin que ningún vegetariano hubiera dicho nada (Minson & Monin, 2012).

Y el entorno no solo estorba. También SUMA. Quienes hicieron un programa con amigos y apoyo social específico mantuvieron la pérdida a los 10 meses en un 66% de los casos. Quienes fueron solos: 24% (Wing & Jeffery, 1999). El entorno no es un detalle del plan. Es parte del plan.

Entonces, ¿qué haces?

1. Deja de dar explicaciones largas. Una decisión no necesita nota a pie de página. “Hoy no me apetece” es una frase completa. Cuanto más argumentas, más conviertes la mesa en un debate — y ahí ya no te cuidas: te defiendes.

2. Y esto incomoda más: mira si la presión de fuera te duele tanto porque por dentro tú tampoco tienes claro por qué lo haces. Cuando la razón es tuya, el comentario resbala. Cuando es prestada, cualquier “venga, por un día” te tumba.

Y si tú eres la persona del otro lado: no hace falta que hagas su dieta, ni que entrenes con ella, ni siquiera que la animes. Con no ponerle obstáculos ya haces mucho. No insistas.

23/09/2026

Pides ensalada y alguien suelta: “¿otra vez?” No están hablando de tu ensalada.

👉🏻Mecanismo 1: comemos mirando al de al lado. Un metaanálisis de casi 40 estudios: comemos más cuando quien tenemos delante come más, y menos cuando come menos. Usamos al otro para calcular cuánto es “normal” comer aquí (Cruwys, Bevelander & Hermans, 2015; Herman, Roth & Polivy, 2003). Cuando cambias lo que pides, no cambias solo tu plato: mueves la referencia de la mesa.

👉🏻Mecanismo 2: no responden a lo que dices. Responden a lo que temen que pienses. Un experimento sencillo: pidieron a personas que comen carne que escribieran las palabras que les venían a la cabeza al pensar en vegetarianos. El 47% escribió cosas negativas. Después midieron cuánto creía cada uno que un vegetariano le miraría por encima del hombro. Cuanto más esperaba ser juzgado, peores palabras había escrito. Y lo confirmaron al revés: si primero imaginaban qué opinaría un vegetariano de su forma de comer y luego lo valoraban, las notas bajaban. Sin que ningún vegetariano hubiera dicho nada (Minson & Monin, 2012).

Y el entorno no solo estorba. También SUMA. Quienes hicieron un programa con amigos y apoyo social específico mantuvieron la pérdida a los 10 meses en un 66% de los casos. Quienes fueron solos: 24% (Wing & Jeffery, 1999). El entorno no es un detalle del plan. Es parte del plan.

Entonces, ¿qué haces?

1. Deja de dar explicaciones largas. Una decisión no necesita nota a pie de página. “Hoy no me apetece” es una frase completa. Cuanto más argumentas, más conviertes la mesa en un debate — y ahí ya no te cuidas: te defiendes.

2. Y esto incomoda un pelín mas: mira si la presión de fuera te duele tanto porque por dentro tú tampoco tienes claro por qué lo haces. Cuando la razón es tuya, el comentario resbala. Cuando es prestada, cualquier “venga, por un día” te tumba.

Y si tú eres la persona del otro lado: no hace falta que hagas su dieta, ni que entrenes con ella, ni siquiera que la animes. Con no ponerle obstáculos ya haces mucho. No insistas.

19/09/2026

Esa sensación estable de calma no viene de la pasividad, es realmente tu estado natural del que la gran mayoría nos hemos desconectado.
Si resuena contigo este mensaje escríbeme “CALMA” y te cuento mas.

Sígueme aquí👉🏻 si no quieres perderte este tipo de contenido

Dirección

Calle Balmes 121
Barcelona
08008

Horario de apertura

Lunes 09:00 - 20:00
Martes 09:00 - 20:00
Miércoles 10:00 - 20:00
Jueves 10:00 - 20:00
Viernes 10:00 - 20:00

Página web

Notificaciones

Sea el primero en enterarse: le enviaremos un correo electrónico cuando Débora Torrente publique novedades y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin y puede darse de baja en cualquier momento.

Contactar Con La Empresa

Enviar un mensaje a Débora Torrente:

Atajos

Compartir